Ahora, que estoy en frío escribiendo esto.
Y para compartir esto (aunque el real motivo de escribir tiene más con sacarlo de adentro que querer contárselos) me veo obligado a entrar en contexto.
Estoy en una organización mundial internacional. Eso quiere decir, que es Inter denominational – lo que significa – que habemos aquí personas de todas las formas de expresión o pensamiento que engloban el cristianismo de nuestros días.
Yo sabía eso de antemano porque conozco a Steiger de hace años, amigos han estado en esta escuela antes y yo mismo junto a Daniela y Lucas fuimos a Brasil en 2016 a la Compacta y conocimos a personas increíbles allá. Pero también con el tiempo hemos conocido de estos líderes o expositores que esparcen líneas de pensamientos, doctrinas o teologías que no compartimos.

Uno de los consejos que nos dio nuestro amado y querido pastor Jonathan Muñoz (quien ha estado aquí impartiendo clases y algunos – entre ellos David Pierce – tienen buenísimo pensar acerca de él) antes de venir, fue el siguiente:
Sean humildes.
«Ante cualquier diferencia, o cabeza de pescado, sean humildes.» Y a ambos -a mi y a Dani- nos hizo sentido.
Volviendo a atrás, cuando llegamos a la escuela, luego de pasar rápidamente por el patio principal para estar en el sector donde haríamos cuarentena por 6 días con muchos colombianos y una argentina, en el bien ponderado «Family Kitchen», en un mueble con algunos libros, estaba mirándome el libro «Preaching the Cross» que, en corto, cuenta como desde diferentes posiciones doctrinales cristianas evangélicas, se puede convivir teniendo la Cruz como centro de todo, independiente a las formas de expresión o dirección del culto. Para mi sorpresa, nunca espere que estos autores, algunos de ellos héroes para mi en la fe, tocaran este tópico y me ayudó muchísimo las primeras semanas para lograr lidiar con las diferencias.
Pero…
No fue hasta hace un rato atrás que experimenté -lo que hasta ahora había parecido «tolerancia» y «humildad» – una incontenible «ira teológica»que simplemente me sobrepasó y de la cual no conseguí reponerme, al punto que tuve que salir del auditorio, ir por Lucas a su clase donde dormía, y llevarlo a nuestra habitación.
La noche anterior y durante el día de hoy este orador había dado una tremenda plenaria acerca de la Trinidad. Explicó de manera contundente y basada en la Biblia porque y cómo se podría entender este maravilloso misterio de Dios. Incluso, temía que cayera en algunas herejías o ilustraciones que intentan explicar esto pero no lo hizo. Estamos David Pierce, el orador y yo, y David me dice: ¿es genial no? A lo que – hasta ese momento- mi respuesta fue: oh, ¡claro que si!
Claro que si, solo hasta esta noche.
A diferencia de su primera exposición, con Dani concluíamos que esta estuvo carente de argumentos bíblicos, lleno de analogías poco claras y agujeros que se tapaban con cualquier cosa menos con una doctrina consistente. Me ardían las orejas, estaba tan enojado que mi desánimo alcanzó mi expresión facial, física, era evidente para quién me alcanzara con la mirada que estaba molesto y desilusionado al mismo tiempo, y llegué al punto en que sencillamente dejé de escuchar, solo oía un montón de palabras sin sentidos y había perdido toda atención a lo que estuviera exponiendo.

Mientras camino con Lucas durmiendo en mis brazos hacia nuestra habitación pienso en las palabras de nuestro pastor: «sean humildes», y caigo en cuenta de lo siguiente… no supe ser humilde. Quise, intenté buscar dentro de la caja de herramientas de mi cabeza o corazón y sencillamente no di con ellas. No encontré la humildad que hasta ahora creía ilusoriamente había en mi y con la que «había sobrellevado lo que llevamos de escuela». Pero eso era como dije ilusorio.
Lucas despertó y al darse cuenta que Dani no estaba, lloró. Le compartí que estaba triste y que si orábamos para que mamá llegara pronto y papá dejara de sentirse de esa manera. El subió de su colchón a nuestra cama – dani seguía en el salón -y entonces, Lucas me abrazó. Se durmió a la mitad de mi oración y le dije a Dios:
«Dios, no sé ser humilde. No sé como se hace. No encontré la forma de sobreponerme. Lo siento por se arrogante, no quiero que estes triste. Perdóname y enséñame por favor.»
Le había dicho la noche anterior a David que este hermano era genial, y al salir ahora de salón lo único que quería decirle era: solo para ser claros, ya no es genial. Su teología es inconsistente y con falta de argumentos bíblicos. Pero al orar, me di cuenta que Dios quería darme la oportunidad de mostrarme justamente que carezco de humildad. Que soy mucho menos humilde de lo que imaginaba y que me había llegado la hora de que Él lidiara conmigo y tratara con este imperfecto en el corazón.
Final thoughts
No tengo idea cómo lo hará, solo sé, cómo cantábamos antes de que empezara está decepcionante plenaria: «Tu haces que todo me ayude a bien, siempre»
Post Data
Pd: ¿Han extrañado a alguien al punto de que necesitarlo cerca hace que ese anhelo te den ganas de llorar? Así te extrañe hoy Jona.