«¡Llegó el día!» Le dije a Cocke en «La Na’e» (su vehículo). Eran cerca de las 8am del domingo cuando ya nos íbamos al Aeropuerto Dani, Lucas, acompañados de mi suegra y Paulina, la pequeña Olivia, su hermano Gabriel y claro, Cocke al volante.
«¿Está bien decirlo así? Digo, ¿se dice aquí, al salir o en el aeropuerto? ¿en el avión o llegando ya a Alemania? Es raro en verdad» le dije posteriormente, convencido de que saldríamos a las 11:25am de Santiago rumbo a Alemania, pasando por una breve escala de 2 horas en Madrid.
Pero no teníamos ni idea lo que vendría.
Llegamos al aeropuerto y mientras hacíamos la fila – que avanzaba medianamente rápido – al pasar unos varios minutos ahí, notamos que las personas que atienden ya no estaban en las ventanillas. Se habían reunido haciendo una especie de ronda a la vista de todos y conversaban preocupados.
«Algo raro está pasando» dijo Dani. «Míralos ahí, se ven preocupados», por supuesto que a mi no me llamó la atención pero no pasó mucho tiempo para que uno de ellos nos informara a voz en cuello que, el vuelo se había cancelado.
"Unas aves se han metido a las turbinas del avión" dijo él.
Espera, ¿que? ¿unas aves se metieron a las turbinas del avión? ¡Eso sonaba comiquísimo! Pero eso fue exactamente lo que pasó.
Nos quedamos para re programar nuestro vuelo, ahí todo fue mucho más lento. Nuestra compañía volvía a casa y quedábamos solo nosotros ahora en esto. Aprovechamos de acompañar el culto de nuestra querida Iglesia Uno en la espera, incluso poder con nuestros hermanos en el Zoom pos-transmisión online quienes aprovechan de orar a Dios por nosotros y nuestro viaje.
Estaba a 3 personas de que nos atendieran cuando me acerco al mesón para hacer una consulta sobre un correo de Iberia que me llegó al correo. Mientras camino oro a Dios y le digo: «Que me toque la persona que quieras ponerme» y al elegir a cuál de los mesones acercarme, resultó que, sin saberlo, hasta unas horas después, elegí a Natalia, la supervisora del grupo.