
«El mejor día de mi vida» es una exageración que Lucas dice cuando algo le gusta mucho pero no es algo tan relevante o de real grandeza. El puede decir: «pasé un nivel muy difícil en el Sonic ¡es el mejor día de mi vida!» O por ejemplo, que rico este cereal ¡es el mejor día de mi vida» y así.
Estábamos disfrutando -finalmente- de la compañía de Guillermo, Romina y los niños en la casa que la escuela arrendó para ellos, cuando Lucas apareció en el comedor compartiendo muy emocionado que había orado. Abrazaba a la Dani con los ojitos brillantes como si supiera que nos decía algo que para nosotros era muy valioso ¡y vaya que lo era! No lo hizo una, sino 3 veces en total se apareció diciendo lo mismo.
Bueno, la noche alemana del 28 de julio, Lucas hizo su primera oración con Dios de manera personal, libre y espontánea. Cuando estábamos listos para dormir, llegó la hora de orar y le animamos a hacerlo como nos lo había contado:
⁃ Es que me da vergüenza – dijo primero.
⁃ Pero mira – le propusimos – nosotros cerramos los ojos…
⁃ Está bien. – dijo sin chistar.
«Gracias Señor porque pudimos viajar. Por la escuela por este día maravilloso, gracias por que pudimos jugar…para dormir bien… en el Nombre de Jesús, amén.»
Son las 23:07 aquí en Alemania del 28 de julio del 2021 y les digo: este es el mejor día de mi vida.
No exagero.