Un fenómeno particular estoy viviendo.
Para quienes son de la fe y para quienes al menos la han observado desde lejos, sabrán que, los tiempos de música y adoración es un tiempo para derramar sus corazones delante de Dios. Un Dios Santo, Justo pero misericordioso y con un Espíritu amigable y paternal que, está disponible para todos sus hijos e hijas.
Bueno, por alguna razón, yo he estado viviendo ese fenómeno al terminar cada tiempo de música y adoración, cuando el orador final levanta una oración para finalizar, y es que las palabras y el corazón de estas – hasta ahora – dos personas han calado emotiva y profundamente mi corazón.