No sé cómo pero Lucas y yo estábamos raja en estos carros donde se trasladan maletas (No las que parecen de supermercado, sino las planas, grandotas en plan hotel en «mi pobre angelito») Dani seguía al teléfono con Iberia y yo de lejos, y por la hora asumía finalmente habíamos pasado el más difícil de solucionar, y es que ¡finalmente nos contestó el call center! Digo, ¿que podría salir mal?
Bueno…
Reto Nº5
No contento con ello y como si no hubiese sido suficiente, el último de los retos.
Cuando creíamos que finalmente habíamos sobresaltado todos los obstáculos, el más torpes e inoperante de los problemas nos terminó por dar el que sería el golpe final. Esto fue así:
Con el cambio de apellidos finalmente realizado, y habiéndole colgado al ejecutivo de Iberia, Natalia tira la última de las bombas.
⁃ Tenemos otro problema, el ejecutivo en Iberia generó la nueva reserva con el cambio de nombre, pero no me ha enviado el ticket a quien asociarle el pago. Sin eso, no tengo como hacerlos pasar. Lo siento chicos.
Estábamos en el aeropuerto desde las 8 y algo de la mañana, nos levantamos a las 6:30am y la noche anterior acostado tipo 2am imprimiendo todos los documentos. Eso sin contar los meses de estrés e incertidumbres que cargábamos con anterioridad. Con todo eso, finalmente parecía que, efectivamente no íbamos a viajar.
Era la última hora, el desorden en la fila era menos y es que quedaban pocas personas, el avión despegaba a las 17:15pm y nosotros creyendo de que Dios haría un milagro. En eso Dani ya muy cansada, estresada y al mismo tiempo con compostura, le paró los carros a todo mundo ahí.
⁃ ¿Cómo es posible que ustedes no puedan ayudarnos? Hemos llamado toda la tarde a la aerolínea ¡no van a contestar!
⁃ Es que nosotros no podemos hacerlo
⁃ ¡Pero si ustedes son Iberia!
⁃ Nosotros no somos Iberia – dijo Natalia (mientras otros decían que eran solo contratistas)
⁃ Yo sé que han sido muy buena voluntad con nosotros ¡pero como nadie es capaz de darnos una respuesta!
Nos sentamos, nos quedamos mirando como sin quererlo, aceptando que efectivamente y luego de dar tanta pelea. No íbamos a viajar. Así fue como veíamos al último pasajero para por el mesón, no quedaba nadie, solo nosotros.
En eso, Natalia se acerca de repente y nos dice: Vayan a comer algo y luego van a mi oficina – ella nos había dado «vale por» de un restaurante cuando el vuelo se canceló, y eso hicimos.
Mudos, agotados y como si nada pasará alrededor, caminamos hacia el restaurant. No lo podíamos creer. Una parte del cuerpo lo único que quería era descansar, y ver a los míos hacer lo mismo – física y emocionalmente pero por otra parte, seguía esa esperanza en la posibilidad de que Natalia, en su oficina nos ayudara. Aunque estábamos escépticos, sin ánimos ni energías para ilusionarnos… otra vez.