Hubo una noche, no hace mucho —busco entre mis notas para cerciorarme— una noche de junio en la que como es de costumbre hace tiempo, acuesto a Lucas y nos disponemos a leer su libro de «Los Compas» y a orar para agradecer y pedir cuide sus sueños.
Y no recuerdo bien si mientras orábamos o qué, me trasladé mentalmente a Krögis, Alemania, donde hicimos la SMS hace un año atrás. Arribé en mis recuerdos a ese camino de pradera frente al norma, donde se hacían las «Prayer walks» y donde era el lugar de encuentro entre nosotros y Dios. Al recordar o recorrer entre mis pensamientos todas las maravillosas cosas que Dios hizo, las increíbles proezas en las calles, las palabras que nos dio,los increíbles amigos que hicimos, la asombrosa paz en cada rincón de ese lugar, y el sentir ya no mentalmente sino que emocionalmente en mi espíritu que era el lugar donde pertenecía, no pude contener la emoción, y sencillamente me eché a llorar.
⁃ Papá, ¿estás llorando? Preguntó Lucas.
⁃ Si, un poquito. Le dije mientras entre sollozos, intentando contener el llanto mientras sentía las lágrimas mojaban toda mi cara.
La mañana siguiente, tarareando un ritmo que sonaba en mi cabeza, no dejaba de tener en cuenta esta experiencia un tanto surrealista. No soy un tipo supersticioso y ciertamente no tuve una experiencia sobrenatural en la que mi espíritu fue transportado en el tiempo/espacio a ese lugar. (Por mucho que ame «interstellar») pero si debo reconocer fue algo muy fuerte en mi espíritu. Decir que fue algo meramente racional, sería mentir. Estaba solo esa mañana en casa, así que agarré esta ya antigua guitarra acústica que me regalaron mis papás cuando me titulé de Diseño Grafico hace ni recuerdo cuánto tiempo atrás, con las cuerdas de lona que me regaló mi amigo y ex-Mordane Jaime Herrera – «estás cuerdas son buenas» – y comencé, sin mucha expectativa, a encontrar las notas que sonaban en mi cabeza.
Me senté en la punta de la cama, cogí la guitarra con el capo ya puesto en el espacio preciso y como nunca antes (porque no soy guitarrista y no tengo teoría) por «arte de magia» di con las primeras 3 notas de corrido que tenía en mente. Cuando sonaron, agarré el bloc de notas que tengo ahora en las manos y recordando la experiencia vivida la noche anterior comencé a escribir:
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KRÖGIS’S SONG
Hay un lugar al que perteneces
Hay un lugar donde eres vos
Que al recordarlo no contienes
Las lágrimas y la emoción.
Ese lugar de 3 colores
Verde, celeste y amarillo
Es el Edén a este lado del Edén
A contraluz oigo tu voz
En mis grietas me sana tu sol
CORO:
Krögis no, no esperes por mi
Aquí espero yo,
No llores por mí, hoy no
Hoy no llegaré.
No te preocupes por mi
Hoy te lloro yo.
Viajo en sueño a tus colores
Arribo y todo cobra sentido
Ese vacío desconcertante y confuso
Caigo en cuenta que me faltas tú.
Camino entre pasto y maizales
Y al horizonte el imponente cielo.
Nunca vi un cuadro tan hipnotizante
Me enamoré de tus nubes y sol
Encuentro pertenencia y quien soy.
—
Desde ese 22 de junio que no he dejado de experimentar una, asumo una natural, nostalgia y es que caí en cuenta que hace exactamente hace un año atrás, estábamos en medio de una de las etapas más estresantes de nuestras vidas, persiguiendo a toda costa creer que Dios nos llevaría a la SMS, y que para cuando escribo, estaríamos a una semana de comenzar este sobrenatural viaje que nos llevaría a un nuevo nivel de fe con El.
Estoy en Santiago, un invierno que no se veía hace décadas, con mucha lluvia al fin. Y hace un par de semanas estoy buscando levantarme temprano para entre las muchas cosas que anhelo hacer, es pasar tiempo con Dios, buscarle y pasar tiempo con El. Que me hable, me encuentre, me consuele me de dirección, y si, uso el pronombre personal sin problemas de conciencia, porque este tiempo levantándome a las 5am me ha permitido tomar mi diplomado en teología y como diría Lutero -La revelación de Dios es un asunto de pronombre personal- es decir, el nos a hecho suyos y El se ha hecho nuestro y esta es una relación perfecta nunca antes vista de amor. Su amor por nosotros y nosotros reaccionando a este pacto.
¿Y por qué lo último? ¿Que tiene que ver esta revelación teológica con Krögis? Bueno, es mi epílogo. Orar en las mañanas me ha afectado positivamente como no lo hacía desde que era soltero. No me mal entiendas, presta atención. Lo que quiero decir es que cuando era joven, tenía libertades en sentidos que no tienes al casarte, no vives para trabajar, tienes tu habitación solo, dispones libremente de tu agenda la cual no tiene más compromisos que… hacer nada. Casado la situación cambia. Y no es malo, (por Dios, no que no lo es. ¡cásense!) sencillamente cambian los planes y uno termina creyendo que por ósmosis las cosas se reordenarán y podrás hacer todo lo que dispones cuando eso es mentira, un día eres un recién casado con muchos sueño por emprender, entre ellos, crecer en tu relación con Dios cuando de repente, pestañeas y sencillamente no está ni siquiera al final de tu lista. Aclarado esto, retomo mi epílogo.
Me he encontrado con Jesús cada madrugada, sentado en el living de la casa (como donde escribo ahora) o en mi oficina. Le he dicho a Dios: «mira, se que esto no es Krogis, el aire no es puro, el cielo celeste con un paisaje de nubes fenomenal, no podemos salir a tomar un paseo porque, aquí sencillamente te arriesgas a un asalto, en fin. ¡Esto es Chile! 🤣 Esto más que un paseo, te ofrezco una conversa, aquí, sentados a la mesa».
Y hoy, luego de casi un mes de esta experiencia, cae la teja en mi corazón, haciendo sentido el hecho que a Moisés, sentado en esa piedra mirando al pueblo entrar a la tierra prometida también hace sentido. No importa si es en Krogis, qué importa si esto no es un paisaje hermoso. ¿Que si no lo extraño? ¿Que si no lo estimo? ¡Por Dios que si lo hago! ¡Pero he encontrado consuelo! A este cáliz amargo de un mes, ¡Dios está conmigo! ¡Su presencia es el cielo para mi! El es todo lo que necesito. Su presencia. ¿Cómo no lo vi antes? Y cómo diría el salmista «y me pongo a pensar: esto es…» esto es lo que me duele de no estar allá, es experimentar su presencia de una forma especial, sin distracciones, sin estorbos y especialmente de manera in-ten-cio-nal. Siendo El siempre quien toma la iniciativa y yo sencillamente, respondiendo a Su invitación.
Hay un lugar al que pertenezco, y no es en Krogis, no es en ningún lugar de este mundo. Como diría CS Lewis: «Si nada en el mundo puede satisfacernos, la explicación más probable sea que es porque no pertenecemos a este». Hay un lugar al que perteneces y ese lugar es Su presencia.


























