Nuestro querido y reciente amigo Guillermo fue por nosotros al aeropuerto. Fue muy gentil ¡incluso nos había traído un cocaví para recargar energía! Esa noche al volver a casa – 21:30 aproximadamente- caímos tumbados del sueño, durmiendo hasta el otro día.
A la mañana siguiente, Guillermo volvió a ir por nosotros, nos dejó en el aeropuerto y al entrar, y más temprano que el día anterior, el ambiente era otro, mucho más calmado.
Natalia estaba ahí, ella había prometido estar aunque dijo que no tenía que trabajar. Por tanto, al verla sentí el primero de los alivios. Nos pusimos en la fila otra vez mientras yo iba a hacer contacto visual con ella esperando me reconociera o me hiciera la desconocida.
⁃ Hola, soy yo.
⁃ ¡Hola Abraham! Ya los tengo listos. Imprimo sus tickets y ya. Denme un minutito.
¿Ya los tengo listos, dijo? ¿Como así? Listos, ¿listos? Pensaba mientras caminaba a contarle a Dani. Nos acercamos a ella y nos hace pasar por Business, así que nos ahorramos toda la fila. La persona del mesón nos pide los pasaportes y mientras el joven hacía su trabajo dentro de mi pensaba ¿esto realmente está pasando? Y es que ¿no estamos yendo a Alemania ahora?
⁃ Aquí están, que tengan un buen viaje.
Se acercó Natalia luego y nos entregó las cartas de cancelación por retraso firmadas por ella, nuestro vuelo salía en 2 horas y finalmente, luego de tanto dar pelea, y cuando pensábamos (por enésima vez) que todo estaba perdido, íbamos a viajar a Alemania.
Final thoughts
“«Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos —afirma el Señor—. Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los de ustedes; ¡más altos que los cielos sobre la tierra!”
Isaías 55:8-9 NVI
Esta palabra tomé como quien se aferra a lo más preciado que tiene el día que, según nosotros íbamos a viajar. Pensaba «wow, definitivamente mis pensamientos ni mis caminos son como los tuyos» o sea, si me hubiesen dado un papel y un lápiz para escribir el guion de cómo sería este viaje, JAMÁS, hubiese pensado en todas las cosas que atravesamos. ¿Te ha pasado? Esas temporadas o épocas de crisis que dices: «podrías habérmelo mostrado de otra forma, en una conversación, un libro, o sermón. ¡Pero no así!» Ahí es donde nuestra cosmovisión de Dios o nuestra fe acerca de quién es realmente Jesus es revelada.
Ya habíamos aprendido muchísimo antes del viaje, pero nos llevó hasta lo más extremo para mostrarnos estúpida y escandalosamente quien es Él y que implica eso.
En el libro de Génesis, Abraham sube al monte por orden de Dios a hacer el más difícil de los sacrificios, ofrecer a su hijo más amado. De ahí la carga sobre el nombre: «Abraham, el padre de la fe»
Yo me enfrente subiendo a ese monte, un viaje de varios días, con incertidumbres y ganas de no continuar, mis ojos veían que era imposible seguir, pero mi pecho ardía, preso de una realidad que no era capaz de percibir con mis ojos, «había que sacrificar a Isaac» me decía todo el tiempo. Siempre, desde la primera vez que hablamos de venir a Alemania dijimos que era imposible para nosotros, pero lo que quemaba mi alma por dentro era el poder llegar a la fecha, mirar los ojos a Dios y decirle cara a cara: «lo intenté, no estaba seguro, realmente no lo sabía, pero elegí creerte y prefiero no viajar sabiendo que lo dimos todo por ti, a qué tuviéramos que, sin decir una palabra, y lleno de vergüenza que no confiaba en lo que decías» No imaginaba cosa más triste que el corazón quebrado de Dios, por un hijo que no confiaba en lo que decía.